MIS LECTURAS ATRASADAS. Juanita la Larga. Juan Valera

Caminaba el siglo XIX por su mitad, cuando apareció en escena el llamado “costumbrismo”, movimiento que dejaba atrás el “romanticismo”, si bien sin perder esa querencia por lo local, lo cercano, lo inmediato, ese retratar la vida diaria sin mayores pretensiones, excepto la de ensalzarla. Vendrían después el “realismo”, y unos años después, el “naturalismo”.

Se manifestó el “costumbrismo” en muchas y diversas facetas artísticas. Si al periodismo vamos, ahí tenemos los ejemplos de Mariano José de Larra, Mesonero Romanos, Estébanez Calderón…por citar solo a los tres protagonistas más destacados. Si a la novela nos referimos, hablaremos de José María de Pereda (Sotileza, Peñas Arriba), de Palacio Valdés, de Fernán Caballero (aunque aquí reine la discrepancia sobre si “La Gaviota” debe ser considerada ya la primera novela realista española), y el mismo Juan Valera. Ejemplos también podemos citar en cuanto a dramaturgos: Bretón de los Herreros, los hermanos Álvarez Quintero, Carlos Arniches…

Nació don Juan Valera y Alcalá Galiano en Cabra, un 18 de Octubre de 1824, y fue a morir en Madrid, el 18 de Abril de 1905. Enterrado en la Sacaramental de San Justo, fue exhumado ya finalizado el Siglo XX, y trasladados sus restos a su ciudad natal. Mucho escribió, asunto que compartió con su larga carrera diplomática, que le llevó a lugares tan dispares como Dresde, San Petesburgo, Lisboa, Río de Janeiro, Nápoles, Washington, París, Bruselas, Viena…Desarrolló igualmente una destacada carrera política, y fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua, y de la de Ciencias Morales y Políticas.

Con respecto a “Juanita la Larga”, fue escrita en 1895. Podemos decir que la obra refleja de manera clara, rotunda y fehaciente el discurrir vital de una imaginaria población andaluza de la época, de una época que, por lo que sabemos, se prolongó durante muchos años, llegando casi hasta nuestros días, hasta ayer mismo, y no solo en Andalucía, sino en todas esas zonas de la España rural y periférica de tan profundas raíces en nuestro devenir histórico.

¿Acaso puede alguien afirmar que han quedado desterrados los caciques, y las envidias, y las divisiones sociales, y los estigmas, y los señaladores y los señalados por sus actos? Diría yo que no, quizás porque el género humano cambia poco, y de manera muy lenta, y hay circunstancias, y rasgos, y matices, muy profundos en el subconsciente de cada uno de nosotros. Quizás por eso el “costumbrismo”, como por otra parte toda la buena literatura, no haya pasado un ápice de moda.

Quizás, incluso, cambiando la forma, me atrevo a decir que el fondo seguiría estando de rabiosa actualidad en estos tiempos que nos ocupan. Lleguen a “Juanita la Larga”, y saquen ustedes sus propias conclusiones.

He leído la obra en la edición de 1982 de la Biblioteca Básica Salvat, número ocho de la colección. Incluye un interesantísimo prólogo de don Paulino Garagorri, que nos sitúa de manera perfecta en disposición de acometer la lectura con el debido y necesario conocimiento de causa. (Qué tiempos aquellos en que los prólogos de las obras servían para mucho más que para dar las gracias a tirios y troyanos. Ahora ya, quizás por la prisa del momento, quizás por esa política de ahorro de costes imperante en todo, incluida la literatura, se lleva más ir directamente al grano, al asunto, al meollo, y dejarse de circunloquios y puestas en situación).

Nada más por hoy. Acaben ya los rodeos. Y vamos a la lectura. A la de “Juanita la Larga”.

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