AHORA TAMBIÉN SIN NIÑOS

Escribí el pasado 29 de Julio de 2016, acerca de unas peticiones que se venían repitiendo por parte de determinados círculos de ciudadanos bien pensantes, que abogaban por excluir de la gratuidad del sistema público de salud a los obesos, a los bebedores y a los fumadores.

Su argumento era directo, claro, simple: como, al parecer, esos son vicios adquiridos de manera voluntaria, aun sabiendo, por parte de los afectados, que son dañinos para la salud, a pesar de lo cual no hacen nada por remediarlo (el hombre es voluntad, afirmó alguien con severa rotundidad), no debe el erario público dedicar sus recursos a atajar sus males.

En estos días, desconozco a cuento de qué, quizás a que se aproxima el verano y es conveniente ir tomando posiciones, surge con inusitada fuerza el debate de si es lícito acotar espacios a los niños, prohibir el acceso de los mismos a determinados lugares, en los que sus moradores han determinado que no quieren el ruido, los juegos, la actividad, el revuelo…que siempre originan los más pequeños con sus idas y venidas, su inagotable actividad, su inocencia absoluta, su verdad sin tapujos, sus miradas penetrantes y claras.

A mí me preocupa sobremanera esas ansias de exclusión de otros que empieza a anidar en una parte de la sociedad que nos rodea. Después de tantos años de luchas en sentido contrario, contra la discriminación de otros seres humanos, ahora, en esta época de la revolución tecnológica, de la inteligencia artificial, de la comunicación instantánea, lo que emerge son unas ganas inusitadas de acotar espacios, de excluir, de aislar, de apartar al diferente. Para unos, el diferente será negro, o blanco, o amarillo, o mujer, o hombre, o gordo, o flaco, o bebedor, o abstemio, o fumador, o no fumador, o vestirá de una manera o de otra, o llevará el pelo largo o corto, o barba o pelos en los sobacos, o será del norte o del sur, o del este o del oeste, o de Cádiz o de Puigcerdá, o del Sahel o de Estocolmo. Dividamos hasta el infinito, y llegaremos a un punto en que no será conveniente, ni apropiado, convivir con nadie, excepto con nosotros mismos. Puede que surja un grupo que hasta eso le parezca insoportable.

Reconozco que, en ocasiones, se hace difícil compartir espacio con algunos congéneres, ausentes de los más mínimos valores que hacen posible la convivencia. ¡Que no se te ocurra reprender a nadie, adulto, joven, niño…por los miles de comportamientos incívicos que tenemos que soportar cada día! Estando en ello de acuerdo, no creo que el camino a seguir sea el de la exclusión de los que nos disgustan. Vayamos en sentido contrario, hagamos comprender a esos padres que se desentienden de sus niños que tienen unas obligaciones y responsabilidades, primero hacia sus niños, y después hacia aquellos otros con los que comparten su espacio. Pero no culpemos a los pequeños, que al fin y a la postre únicamente replican modelos, de la ausencia de civismo de sus mayores.

Y, por favor, detengamos en seco esas ansias de acotar espacios, de prohibir accesos, de excluir al que no nos gusta, de apartar al que no replica nuestro modelo ni nuestra idea. Esa vía es peligrosísima. Ejemplos en la historia tenemos de sobra para corroborar esa afirmación.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s