EL DINERO NO DA LA FELICIDAD

Como dice el clásico, posiblemente la afirmación del titular sea cierta, tanto como la apostilla de “pero ayuda a conseguirla”. Además, he podido constatar a lo largo de los años que esa frase, suele ser pronunciada por aquellos que nunca anduvieron escasos de saldo en su cuenta corriente.

Susana Alvárez, que es psicóloga, llega a afirmar que el dinero puede incluso restar felicidad, y hasta calidad de vida. Eso es cuando merma, me dice mi compañero de barra del bar de los ociosos. ¡Cuidado!, deja que termine con la frase de doña Susana: que resta cuando no llegas con el que tienes a fin de mes. Aclarado queda.

Doña Ciara Molina, psicóloga emocional, dice que el dinero puede ayudar a tener sensaciones placenteras, si lo vinculamos a cubrir necesidades. Evidente, vuelve a intervenir mi compañero: si no tuviéramos ninguna necesidad que cubrir, ¿qué objeto tendría tener dinero? Claro, aclara doña Ciara: el dinero resta felicidad si lo vemos como imprescindible. Me atrevo a matizar: el dinero resta felicidad cuando nos es necesario y se nos hace inalcanzable.

Sigo con las sentencias leídas: hay que disfrutar con naturalidad cuando se tiene poco dinero. A mí me lo van a contar: la de tardes que me he pasado en el banco del parque de mi barrio, comiendo unas pipas y bebiendo agüita de la fuente (eso fue antes de que los dueños de los perros llevasen a sus animales a beber a esa misma fuente, y a los canes, en su sed, les da por chupar el borde del grifo, y claro, queda inutilizado para que bebamos las personas. Parece mentira que a nadie se le haya ocurrido hasta el momento presente poner en los parques y vías públicas fuentes para humanos y fuentes para animales; confío en que todo se andará).

Vuelvo a las señoras psicólogas, de las que ignoro si tendrán can o no. El caso es que parece ser que una vez cubiertas nuestras necesidades básicas, tener más o menos dinero es irrelevante. Esto me recuerda a aquel ciudadano ejemplar, que mantenía en su casa un depósito de agua de mil litros, siempre rebosante del líquido elemento. Llegó una época de acentuada sequía, y hubieron las autoridades de decretar el corte de suministro entre las seis de la tarde y las seis de la mañana del día siguiente. El citado ciudadano, con seriedad y circunspección, mostró su público y entusiasta apoyo a la restricción.

El siguiente punto es mejor todavía. Cualquier banquero estará de acuerdo con ello. Hay que saber gestionar el dinero. Y si no sabe, pues para eso existen profesionales perfectamente cualificados que se ocuparán del asunto, eso sí, por una pequeña comisión (ojo, si está usted en ese caso, exija que la citada comisión sea de las llamadas de éxito). Y mucho ojo a aquel dicho que dice que el que parte y reparte, se queda con la mejor parte, o aquel otro que dice que el ojo del amo guarda la viña (por grande que sea la misma).

Atentos, que según nos dicen, se sufre en esta vida, independientemente del dinero que se tenga. Esto ya nos lo contaron en aquella telenovela inolvidable que llevaba por título “Los ricos también lloran”. Aquello sí que era un chorro de emociones, incontroladas e incontrolables, eso sí, por capítulos. Qué hartazgo de llorar, por Dios. En este punto, recuerdo un buen día a un compañero anglosajón, que una noche me preguntó: “Señor, por qué motivo en las telenovelas hispanas se pasan el día llorando? Será porque son ricos, dije yo un tanto confuso. Esa respuesta es para llorar, me contestó a su vez el gringo. Tiene usted razón.”

Sigo leyendo a Doña Susana: la vida nos pone en situaciones que escapan a nuestro control, y que hay que afrontar. El dinero no protege de eso. Craso error, doña Susana. Estoy en condiciones de asegurar, que no es lo mismo afrontar un problema rodeado de buenos psicólogos, reconocidos médicos, excelentes abogados (fiscalistas, penalistas…), catedráticos de todas las ramas del saber…y resto de reputados profesionales, que enfrentarte a pecho descubierto a la contingencia ocurrida.

Vamos a coincidir: el dinero es un amortiguador de contingencias futuras. Esto mismo, pero tal cual, es lo que me cuenta mi asesor financiero para venderme un robusto plan de pensiones, que pierde valor cada año que pasa. Es por las contingencias, me dice. Claro, claro, por las contingencias presentes, con lo cual, no sé si me llegará para cubrir mis contingencias futuras.

En fin, que añade doña Ciara Molina que la felicidad viene de la autorealización y la aceptación de uno mismo y de lo que le rodea. Radicalmente en desacuerdo, doña Ciara. Eso es conformismo, total, absoluto, radical. Le aseguro que no es bueno el conformismo, para nada. La raza humana hace decenas de miles de años que se habría extinguido si el conformismo se hubiera adueñado de nosotros. No nos prive, señora psicóloga, de nuestro derecho, entusiasmo, ilusión y ganas de mejorar, aunque sea teniendo al dinero como castigo.

Ya termino. ¿Qué debemos hacer si nos toca la lotería? Pero tocar de verdad, no como a esos afortunados que los tocan seis mil euros, o doce mil, o hasta algunos miles de euros más, y se lían a descorchar botellas de cava, y cuando piden la cuenta caen en la cuenta de que no les llega para pagar la cuenta. Atentos a la respuesta:
1. Serenidad (para comprobar de manera fehaciente -en este sentido el control dual del que se habla en auditoría es muy conveniente- que efectivamente nos ha tocado un premio).
2. Discreción. (Es tocarte un premio, aunque sea un muñeco en las barracas de las fiestas patronales, y el ejército del por pedir que no quede que se pone en guardia. No te digo nada si te tocan varios millones).
3. Asesoramiento profesional. (Esto ya lo he explicado hace unos párrafos. Mucho cuidado, que en esto, como en todo, hay mucho intrusismo, y mucho charlatán…y se puede llevar usted un susto).
4. Viva de las rentas, y olvídese del capital. (Al menos, es lo que yo he visto hacer a los ricos de verdad, a los auténticos, a los ricos de cuna, a los de toda la vida (la suya), a los que nunca tuvieron que plantearse si el dinero da la felicidad).
5. Si sus problemas se derivan del exceso de capital, y alguien le recomienda que consulte a un psicólogo/a, hágame caso: busque uno que antes de ser psicólogo/a ya era rico. ¿Quién no conoce aquella vieja máxima de que más sabe el rico por rico que por psicólogo?

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