MIS LECTURAS ATRASADAS. León El Africano. Amin Maalouf

No puede asegurar que haya obras destinadas a ser escritas por determinados autores, pero leyendo la biografía de Amin Maalouf, empiezo a pensar que sí.

Quién mejor que el autor francés, de ascendencia libanesa, en cuya capital Beirut vivió desde su nacimiento, en 1949, hasta 1975, en que la guerra civil en aquel país lo llevó hasta París, donde continúa residiendo. En la capital del Líbano estudió. De padre musulmán y madre católica, lo hizo de niño y adolescente en un colegio de Jesuitas, lo cual siempre imprime, nos guste o no. Vivió igualmente parte de su infancia en Egipto, donde residía uno de sus abuelos.

De esa mezcla de culturas, oriental y occidental, nacen obras como la que nos ocupa. Y es que León el Africano, nacido El Hassan ben Muhamed el Wazzan ez Zayyati, hijo de Mohamed el alamín, también fue en algunos años Juan León de Medicis. Al final, nos dice el Africano, o el Granadino, ciudad en la que nació, o el Fesí -pues a Fez marchó su familia cuando hubieron de abandonar la Granada reconquistada, o el Ayyatí, que no es de África, ni de Europa, ni de Arabia. “No procede de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía. Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el bereber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la Tierra, y a ellos retornaré un día no muy lejano”.

Así nos habla el protagonista, en esta magnífica obra ambientada en esa época en que las tierras y los hombres cambiaban de dueño con relativa frecuencia y absoluta facilidad. El ser humano debía adaptarse rápido a los nuevos tiempos y a los nuevos amos.

Por otra parte, interesantes tiempos pretéritos, en los que los hombres tenían la posibilidad de cambiar de patria, de religión y, si me apuran, hasta de raza. Por eso hay que leer la vida y andanzas de León el Africano, porque es uno de los máximos exponentes de aquella época. Y hay que leer su historia con calma, con sosiego, con delectación, recreándose en los detalles, en los de los lugares y en los de las personas que los habitaban.

Amin Maalouf es miembro de la Academia Francesa, en la que ocupa el asiento 29, ha ganado el Premio Goncourt (1993), y el Príncipe de Asturias, en 2010. Quizás debiéramos, en estos tiempos convulsos, escuchar con detenimiento a uno de los pensadores que más se ha interesado por los conflictos religiosos y el respeto a las minorías. Podemos empezar haciéndolo a través de León el Africano, y saquemos conclusiones. Y que Dios nos guíe y ampare.

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