MIS LECTURAS ATRASADAS. Mañana en la batalla piensa en mí. Javier Marías

Hay autores a los que cuesta llegar. Javier Marías, para mí, ha sido uno de ellos. Hace muchos años ya que tenía pendiente esta novela, y siempre, por unos motivos u otros, quedaba postergada para mejor ocasión.

Por fin, el fin de este largo y caluroso verano me dio fuerzas para acometer su lectura. No crean que fue fácil. Me costó varios intentos; por momentos, me vinieron a la memoria esos coches antiguos, a los que había que sacar la palanca del aire antes de arrancar, midiendo bien que no se ahogaran, ponerse a rodar con cuidado, sin acelerones bruscos, y a la par que se calentaba el motor, ir retornando la palanquita del aire a su agujero.

Con “Mañana en la batalla piensa en mí”, fui dando tirones hasta la página cincuenta. Luego ya, caliente el motor, la lectura me fue absorbiendo, cada página a mayor velocidad, con mayor entusiasmo, de manera que la lectura de la últimas cincuenta páginas tuvieron como compañera a la impaciencia; quería saber de una vez el desenlace de esta magnífica obra, bien hilada, bien escrita, con personajes, situaciones, hechos…descritos de manera maestra por Javier Marías. Por cierto, admito que el final da un giro magnífico, inesperado, colosal. ¿Alguien capaz de prever lo que se avecinaba? Yo, sinceramente, admito que no, de ninguna de las maneras.

Mirando hacia atrás, por un momento me arrepiento de no haber llegado antes a esta obra y a Marías, aunque igualmente opino que las cosas ocurren cuando deben, nunca antes ni nunca después. Seguramente ahora era el momento. Me alegro de haberlo vivido, y de haber disfrutado con la lectura de la manera en que lo he hecho.

Por cierto, no quiero abandonar estas líneas sin hablar de la edición. Es la que preparó Círculo de Lectores, allá por 1995. Excelente la presentación, maravilloso el papel, ¡qué gusto tocarlo, y olerlo, aunque ya el olor, tras tantos años del libro en la estantería, se haya inhibido!, la cuerdita para separar las páginas…esas pequeñas cosas, esos nimios detalles, que se van olvidando, y que sin duda también contribuyen a la grandeza de las obras grandes.

Espero que no pasen otros veinte años para regresar a Javier Marías. Los duendes tienen la palabra.

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