OBESOS, BEBEDORES Y FUMADORES

En su imparable cruzada contra los seres humanos víctimas de sus propias miserias, parece ser que surge un movimiento que propugna que los obesos, los bebedores y los fumadores no sean atendidos por los servicios médicos de la seguridad social, esa que pagamos todos. Lo que no nos especifican los postulantes de la medida es si: 1) es suficiente cumplir uno de los requisitos para quedar excluido del sistema, 2) si es necesario cumplir los tres, o al menos dos de ellos, 3) si obesidad aparte, el fumeque o el bebeque esporádico también suman.

Tampoco nos detallan quiénes serán los jueces encargados de arrojar a las tinieblas del abandono a su mejor suerte a los nuevos parias de la tierra, ni si antes de ser expulsado habrás tenido la oportunidad de: 1) si eres obeso, un endocrino, un nutricionista, un gimnasio y un entrenador personal que te orienten sobre cómo perder esos kilos de más. 2) unas sesiones de esas tan de película americana para dejar de fumar y de beber.

-Ahí lo tienes hijo, un obeso. Le conozco desde niño, y se comía un bocata de chorizo en el recreo, y luego dos platos y postre en comida y cena, más un bollo en la merienda. Y mira que se lo dije, Luis, que te vas a quedar sin sanidad, pero él ni caso. Una mañana, al volver del trabajo, se presentó en su casa la policía de la “mens sana in corpore sano”, y se llevó su tarjeta de la seguridad social. El disgusto fue monumental. Peregrinó por todas las compañías médicas privadas, pero las buenas, las importantes, no le admitieron, y las que sí lo hacían, le pedían un dineral, y además luego solo sería atendido por médicos en prácticas. Acudió igualmente a diversas ONGs, pero estas no atienden a ciudadanos del primer mundo. Le ofrecieron, eso sí, trasladarse a algún lugar recóndito del planeta, donde resultase casi imposible llegar, y entonces sí cabría la posibilidad de atender sus demandas. Llegado a ese punto, y viéndose perdido, se dio a la bebida, y más tarde, al tabaquismo. Se fue convirtiendo en una ruina humana andante. Su afligida esposa no tuvo más remedio que divorciarse de él, y echarle de casa, eso sí, antes, y con el informe de la policía de la mente sana en corpore sano, acudió al juez, que le desposeyó de todos sus bienes, y le incapacitó de manera radical y absoluta. En la sentencia, quedaba recogido que no podría volver a residir en lugares habitados por seres humanos responsables. No le quedó otra que marchar a ese lugar recóndito antes mencionado. Hubo de instalarse en una antigua leprosería, ahora deshabitada al no quedar leprosos, y allí vivir en comunidad con otros como él, hombres y mujeres apestados por los tres vicios capitales: la glotonería, el tabaco y la bebida.

-Yo no quiero ir nunca a un sitio de esos.

-Por supuesto que no irás. Nosotros seguimos a pies juntillas los consejos de esa buena gente que nos dice exactamente cuántos gramos de qué alimentos tenemos que ingerir, aunque no nos gusten ni nos agraden, incluso aunque nos den asco y nos produzcan vómitos y pánico. Eso es pecata minuta al lado de la recompensa: un cuerpo sano, esbelto, ausente de barriga y michelines, sin pieles descolgadas ni carnes flácidas, con una piel suave y unos dientes perfectos, erradicadas las caries. Eso, por no hablar del ahorro que le ha supuesto al sistema público de atención médica el no tener que atender a esos seres débiles y ausentes de moralidad y sentido social, que nos arruinaban por los tratamientos necesarios para paliar los efectos negativos de sus vicios.

-O sea, que en este mundo solo caben los virtuosos.

-Exacto chaval. Solo los virtuosos; la virtud los conducirá a la justicia, y esta a la perfección.

-Pues dicen que existen sitios, en los que solo se puede entrar si eres socio, en los que te dejan fumar y beber, e hincharte a comer grasas saturadas y a beber bebidas azucaradas.

-Por eso hay que incrementar la polícia de la mente sana en corpore sano. Esta es una durísima y larga batalla, de la que debemos salir victoriosos. Es nuestra obligación salvar el mundo de esas gentes insolidarias y de voluntad débil.

-Papá, yo de mayor quiero ser policía de la mente sana en corpore sano.

-Me parece bien hijo. Y a los obesos, a los fumadores y a los bebedores, severidad máxima. Leña al mono. Acabarán entendiendo que es por su bien. La letra, con sangre entra. Y ante el vicio, represión. Y ante la libertad, cuidado, mucho cuidado. Que se empieza con un vinito, y se acaba queriendo opinar de lo divino y, lo que es peor, hasta de lo humano.

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